Animales

La increíble vuelta a casa de Charles el gato

charles el gato

Todos hemos escuchado alguna vez esas historias de mascotas que regresan a casa de forma improbable, contra toda esperanza. Hoy os contamos el relato de uno de esos aventureros, el gato Charles.

La historia tuvo lugar en 2009, en Estados Unidos, concretamente en la región de Nuevo México conocida como Albuquerque. Una mujer llamada Robin Alex tuvo que realizar un viaje hasta Nueva Orleans y dejó a su gato Charles en casa, sin imaginarse que cuando volviera iba a encontrarse con que se había marchado, sin más. Poco pudo hacer para dar su paradero y sólo le quedó lamentar la pérdida. Así son estas mascotas, se diría probablemente.

Pero lo que seguro que no se imaginaba sería recibir una llamada ocho meses después desde el centro de acogida de animales de Chicago, nada menos. Para quienes no estén familiarizados con el mapa estadounidense, entre Chicago y Nuevo México media una distancia de unos mil trescientos kilómetros. ¡Y Charles estaba allí! Cómo había llegado era algo imposible de discernir, pero no cabía duda de que era él: el chip que llevaba así lo atestiguaba, puesto que habían localizado a Robin a través de él.

Una recogida contrarreloj

La mala noticia vino enseguida: el centro solicitaba a Robin que fuera a recoger a su mascota en seis días, y si no lo hacía tendrían que sacrificarla. La mujer no podía permitirse el coste de un viaje hasta Chicago, pero no dudó en difundir su historia a través de Internet y los medios locales en busca de ayuda. Por suerte, ésta no tardó en llegar. Un vecino se ofreció a llevarla en coche hasta Chicago, aprovechando que iba a viajar allí con motivo de una boda. El viaje de vuelta también le salió muy económico a Robin: la compañía American Airlines decidió no cobrarle ningún coste adicional por llevar al gato al conocer la historia. Y por último, otro viajero cedió amablemente un transportín para llevar a Charles.

Pocos gatos pueden contar una aventura tan fascinante como ésta, desde luego. ¡Y seguro que ahora Robin vigila bien a su amigo cada vez que mira con anhelo hacia la puerta!