Adiestramiento

El collar de castigo, ¿es realmente necesario?

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El simple nombre ya nos hace fruncir el ceño. Añadir “castigo” a cualquier cosa no evoca en nosotros precisamente los mejores sentimientos… y desde luego, tampoco lo hará en nuestras mascotas. Mucho menos en nuestros perros, cuya inteligencia nos permite muchas más opciones a la hora de educarlos.

Hay diferentes tipos de collares de castigo: desde los más conocidos, y sin duda crueles, que funcionan clavando pinchos en el cuello de los perros cuando tiran de la correa hasta otros más sofisticados, que emiten olores, descargas o sonidos desagradables en el momento en que los perros ladran con demasiada fuerza o tiran. No podemos caer en el error de pensar que los segundos serán preferibles a los primeros. Evidentemente el daño físico es mayor y más evidente si hablamos de collares con pinchos, pero tanto unos como otros realizarán el mismo efecto pernicioso en nuestras mascotas: les provocarán estrés, miedo, ansiedad… y en muchos casos, si son perros de carácter, no servirán para domar su comportamiento agresivo sino para incentivarlo.

La línea que separa a la educación canina del maltrato puede ser muy fina, y por desgracia no existe todavía una educación generalizada en la sociedad que enseñe a no cruzarla. Por suerte, tenemos iniciativas como la de la adiestradora alemana Sonja Meiburg, que intenta concienciar y fomentar el adiestramiento de perros desde edades muy tempranas. Independientemente de lo que su raza o su instinto le dicte, cualquier perro puede suavizar su carácter si su amo pasa con él el tiempo adecuado, esforzándose cuanto sea necesario, y sobre todo si se emplea el refuerzo positivo para la educación. Una idea muy sencilla pero que a veces se obvia, y que Meiburg traslada a través de vídeos explicativos en su web.

El collar de castigo para mascotas está actualmente prohibido en Austria o Suiza, por ejemplo. Queda todavía un camino por recorrer para que se extienda dicha prohibición al resto de Europa, pero por suerte son cada vez más las asociaciones que luchan por enseñar a los amos a evitar su uso y buscar alternativas con paciencia y cariño.