Animales

El shar pei, un superviviente nato

shar pei

Todos conocemos al shar pei, ese entrañable “perro de arrugas” que resulta simpático nada más verlo. La que quizás no sea tan conocida es su historia de supervivencia a lo largo de los siglos.

Aunque hoy en día son mascotas muy conocidas y valoradas, los shar pei, originarios de China, tuvieron en su origen usos muy diferentes. No se empleaban para hacar compañía a los vivos… sino a los muertos, por así decirlo. Se utilizaban como guardianes de tumbras y cementerios, un trabajo muy importante teniendo en cuenta que los saqueos y expolios de los mausoleos eran frecuentes. Su nombre, de hecho, significa “piel de arena”, muy probablemente haciendo referencia a las dunas y extensiones desérticas que debían guardar en esta tarea.

Perseguidos y casi aniquilados

Con el paso del tiempo y de los siglos, y la aparición de nuevas necesidades, los shar pei comenzaron a adoptarse como perros de guarda en almacenes y granjas. Tiempo después empezaron a convertirse en mascotas, una consideración que acabaría trayéndoles muchos problemas. Ya en el siglo XX, en la década de los sesenta, el regimen comunista comenzó a ver con malos ojos la tenencia de mascotas de cualquier clase, considerándolo un lujo innecesario y un malgasto de comida que podía ir a parar a personas necesitadas. Y los shar pei se habían convertido, además, en perros favoritos de la nobleza y la burguesía, con lo que adquirieron connotaciones todavía más negativas. Empezaron por imponerse multas, pero el tema terminó yendo más allá: los perros no tardaron en ser perseguidos y exterminados, hasta límites que situó a la raza al borde de la extinción. Por suerte, aficionados a los perros de Hong Kong, dándose cuenta de la situación, comenzaron a rescatar algunos ejemplares y escribieron a asociaciones de canófilos de Norteamérica, que se hicieron cargo del problema y los exportaron a otras regiones, permitiendo así que la raza se reprodujese y perviviera.

¿Quién hubiera dicho que el shar pei es un superviviente nato, ya sea enfrentándose a la crudeza del desierto o a la enajenación del propio ser humano? Pensad en ello la próxima vez que miréis a uno a sus hermosos ojos color canela.