Salud

¿Estresan las caricias a los gatos?

comportamiento gatos

Puede sonar a broma, pero no lo es tanto. Eso que tantas veces decimos de que nuestros gatos se “enfadan” cuando los acariciamos, en lugar de disfrutarlo, puede tener un cierto atisbo de verdad… ¿o no?

Si algo no se puede dudar es que hoy en día se hacen estudios de cualquier cosa en el mundo de las mascotas. Algo que puede resultar nimio, casi de risa, como es la posibilidad de que los gatos muestren desagrado real antes las caricias, fue objeto de un concienzudo estudio publicado en la revista Physiology & Behavior en octubre del pasado año. Científicos especialistas en comportamiento y animales de universidades del Reino Unido, Brasil y Austria llegaron a la conclusión de que los gatos caseros que eran acariciados con frecuencia mostraban un alto grado de estrés, que se reducía si vivían con otros felinos. Así que parece que se les daba la excusa perfecta para su desagrado a quienes no les gustan estas mascotas (¿queda alguien así, en la era de Internet?), y se creaba toda una crisis existencial a sus amantísimos compañeros humanos…

Aclarando conceptos

Sin embargo, suele suceder que los estudios se malinterpretan con facilidad, especialmente cuando se leen desde ópticas no acostumbradas a la cantidad de terminología y datos que recogen. Aunque argumentos tajantes como los que os hemos comentado ahí arriba corrieron como la pólvora por Internet, fue uno de los propios escritores del artículo, Rupert Palme, quien se apresuró a clarificar lo que realmente habían observado. Este científico, miembro del Instituto de Medicina Bioquímica de la Universidad de Viena, explicó que no todo era blanco o negro. En realidad, dijo, a la gran mayoría de los gatos sí les gusta ser acariciados. Sin embargo, aquellos a los que no les gusta y lo consienten terminan alcanzando cotas de estrés perjudiciales y muy elevadas en comparación a las de otras mascotas. Por tanto, la conclusión y nuestro consejo final no es que se deje de acariciar a los gatos… sino que debemos conocer bien al nuestro y entender sus señales. Una norma que vale para muchos otros aspectos de nuestra convivencia.