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Formas más sutiles de dominancia

Formas más sutiles de dominancia

Cuando pensamos en una mascota dominante, tendemos a pensar en un animal de carácter fuerte, casi peligroso. Impone sus “ordenes” en base a una especie de reinado del terror: gruñidos y mordidas si es un perro  y arañazos y también mordidas si es un gato. Son pequeños dictadores que casi todos hemos visto. Cuando visitamos una casa con una mascota de ese estilo, falta poco para que nos den un manual de instrucciones al entrar. Hay que moverse despacio, no sentarse en tal lugar, etc. Al final uno se va con un sabor amargo, mucha lástima por esa familia (incluido el perro o gato) y la certeza de no volver.

Pero casi tan frecuente como eso, se ven otras formas de dominancia. Hay mascotas que gobiernan la familia no en base al miedo, sino en base a la lástima. Son los clásicos manipuladores. Esas mascotas tiene que contar con un factor clave para que puedan ejercer ese poder: necesitan quien les haga caso.

El punto es resistirse a esa cara de desgracia

Ese llantito suave y sostenido… y todas las estrategias que el inteligente animal encuentre que den resultado. Si llorando consigue un chuche, pues será un perro muy obeso en cuestión de poco tiempo, además de un llorón profesional. Esa mascota dominante llega a ser todo un problema. Si es una mascota que hemos adoptado y nos consta que ha sido maltratada, casi seguro que nos vamos a rendir a todos sus encantos.

En realidad eso es negativo para todos

La dominancia tiene que ser clara  y eso para el perro o gato no es negativo, todo lo contrario. No te conviertas en una víctima de una mascota manipuladora.