Animales

La historia de Greyfriars Bobby

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Son muchas las historias sobre la lealtad de las mascotas que nos encontramos por doquier, y que además han inspirado películas o libros. Hoy os contamos la del perro Bobby, uno de los emblemas de la ciudad de Edimburgo.

Bobby fue un perro de raza sky terrier, mascota del vigilante nocturno John Gray. Durante dos años ambos patrullaron las calles juntos como amigos inseparables, hasta que John murió a causa de una tuberculosis en 1872. Bobby, como se nos cuenta que han hecho tantas otras mascotas, siguió a la comitiva el día del entierro y permaneció junto a la tumba. Primero horas, y después días enteros, hasta que la gente empezó a darse cuenta de su familiar figura en el cementerio, siempre presente lloviera o hiciera sol.

Según se dice, Bobby permaneció junto a la tumba de su amo nada menos que 14 años. Cuando murió, se le enterró no dentro del cementerio (algo prohibido), pero sí a la puerta de la iglesia de Kirkyard, donde todavía acuden muchos curiosos a visitar su tumba y dejar presentes junto a ella. “Que su lealtad y devoción sea una lección para todos nosotros”, reza en la lápida. Actualmente tiene también una estatua y una fuente junto al puente George IV.

¿Realidad o leyenda oportunista?

Aunque la historia de Greyfriars Bobby se ha mantenido inmutable un siglo tras otro, recientemente se ha comenzado a dudar de su veracidad. En 2011, la investigadora de la Universidad de Cardiff Jan Bondeson publicó un estudio en el que afirmaba que Greyfriars Bobby había sido una invención como reclamo turístico de los comerciantes de la zona. Según Bondeson, no era nada raro en la época que existieran perros a los que los vigilantes del cementerio tomaban como mascotas, alimentándolos para que les hicieran compañía y que hacían del camposanto su hogar. Bobby pudo haber sido uno de ellos, indica la investigadora.

Aun así, concluye su estudio explicando que no importa cuál sea la realidad histórica; lo cierto es que se ha convertido por propio derecho en una parte indiscutible de Edimburgo y su idiosincrasia, y su historia no podrá tirarse por tierra jamás. Nunca será posible desacreditarlo, afirma; “es una leyenda viviente y más grande que todos nosotros” (vía Wikipedia).