Animales

La historia de Rufo, el perro de Oviedo

rufo oviedo

Muchas ciudades tienen una mascota. En nuestro blog hemos hablado anteriormente de Greyfriar’s Bobby, de Edimburgo, por ejemplo. Hoy le toca el turno a otro perro emblemático que tenemos mucho más cercano: Rufo, el perro de Oviedo.

La historia de Rufo no se encuentra muy lejana en el tiempo, así que no nos cabe duda de que muchos lectores del blog la conocerán. Durante los años ochenta, fue una figura común en las calles de Oviedo: un enorme perro mezcla de mastín y pastor alemán que, como suele suceder en tantos lugares, simplemente comenzó a rondar un día aquí y allá hasta convertirse en un conocido de la ciudad entera. Un perro vagabundo al que Oviedo no tardó en convertir en su peculiar mascota. Y a Rufo parecía encantarle, casi como si fuera consciente de su papel y de su “adopción”: hay testimonios gráficos en los que lo vemos presente en fiestas de la ciudad, junto a cargos del Ayuntamiento… E incluso tiene ya alguna que otra leyenda asociada. Se cuenta, por ejemplo, que en cierta ocasión entró por su cuenta y riesgo en el Teatro Campoamor, durante la ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias, y el alcalde le riñó amablemente: “Rufo, aquí no pintas nada ahora mismo”. El sagaz perro no necesitó nada más, según se dice, para darse media vuelta y salir por donde había venido.

Una estatua para Rufo

Aunque ya hace mucho que Rufo se marchó, como es lógico, todavía son muchos quienes lo recuerdan con cariño, ya sea por haberlo conocido o por los cuentos e historias que se han perpetuado en Oviedo en torno a su figura. Así que no es de extrañar que se haya lanzado esta petición en Change.org para que se erija una estatua en la ciudad en homenaje a esta mascota tan querida. Ya hay más de mil firmas, por lo que el objetivo está sin duda mucho más cerca. Conocieras o no al simpático Rufo, te animamos a poner tu granito de arena en la solicitud. ¡Nosotros ya lo hemos hecho!