Animales

Los gatos en el antiguo Egipto

Statue Egypt Cat

La fascinación por los gatos en Internet hoy en día no es nueva. De hecho, si nos remontamos al antiguo Egipto nos encontraremos con que la pasión por los felinos iba mucho más allá. Hoy os contamos algunas curiosidades sobre ello. Los gatos no se consideraban simples mascotas en Egipto: se les proporcionaban tratamientos especiales que a veces poco se diferenciaban de los que se dispensaban a nobles o a faraones. Con una doble naturaleza divina según la religión egipcia (estaban emparentados con la diosa de dos caras Sekhmet - Bastet, fiera y mansa a la vez tal como un felino), comenzaron siendo animales prácticos a la hora de librar a graneros y almacenes de las plagas, y terminaron por convertirse en miembros de pleno derecho en los hogares, casi como cualquier humano. Matar a un gato incluso por error podía estar castigado con la pena de muerte.

Cuando un gato moría, todos los miembros de la familia debían guardar luto y se rapaban las cejas en señal de duelo. Los gatos más especiales, aquellos pertenecientes a faraones o a la alta nobleza, llegaban incluso a embalsamarse y a momificarse, un proceso que podía durar hasta cuarenta días. Existía un inmenso cementerio para gatos en la ciudad de Bubastis, donde toda clase de ciudadanos, desde los más humildes hasta los ricos, acudían para enterrar a sus mascotas fallecidas con toda clase de honores.

Son muchas las anécdotas que podríamos recopilar sobre cómo trataban los egipcios a estas mascotas, pero hay una que sin duda es la más llamativa. En el año 525 antes de Cristo, durante la batalla a las puertas de Pelusio, los invasores persas decidieron emplear contra los egipcios una táctica ridícula y genial a partes iguales: conscientes del respeto de aquellos por los gatos, los emplearon como escudos para que los soldados se mostraran reticentes a pelear. Así fue; el ejército egipcio no tuvo más remedio que recular y volver a refugiarse dentro de la ciudad, pero los persas continuaron su provocación arrojando gatos por encima de la muralla para evitar que los arqueros pudieran disparar. Finalmente, ante una situación tan insostenible, los egipcios decidieron rendirse.