Belleza y Moda

¡¡¡Mi perro… es un perro!!!

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Creo que últimamente estamos perdiendo de vista algunas cosas bastante obvias, por eso el título. Lentamente se ha ido imponiendo la moda de tratar a los perros como “pequeños seres humanos peludos”, llegando actualmente a extremos totalmente absurdos.

No puedo menos que sentir vergüenza ajena cuando veo, por ejemplo, que se festeja los cumpleaños de los perros, con invitados, torta y hasta sombrerillos, para los pobres y sufridos perros. Peluquerías donde incluso se les tiñe el pelo, se les pintan las uñas y todos los absurdos que se nos puedan ocurrir. Hay toda una industria de indumentaria canina: pequeños abrigos con sombreros, collares que llegan a ser joyas de elevado valor, etc.

Por supuesto que parto de la base que los dueños de esos animales tienen la mejor de las intenciones. De verdad creen que el perro se siente mucho mejor al ver su pelo de color rosa, o que bien se ven con ese collar. Creen que de verdad comprenden y disfrutan el sombrero de cumpleaños. Entiendo que la intención es buena, pero el error, enorme.

El primer damnificado, obvio, es el pobre perro. No, no les gustan los sombreritos, las horas en la peluquería no las disfrutan, y por supuesto que no pueden diferenciar un collar de otro, salvo si tiene o no su propio olor. No valoran las joyas. En cambio…, sí les gusta que se les preste atención, que se les dedique tiempo. Les gusta tanto, que son capaces de tolerar todo esto acerca de lo que antes comentábamos.

Pero el dueño, quien en definitiva pone características humanas en el perro, también, a la larga sufre y mucho. Basta escuchar hablar de su mascota a una de estas personas. Los creen capaces de pensamientos elaborados, de disfrutar o comprender todo tipo de cosas. Por supuesto que no es así. Y cuando el perro muere, son duelos muy difíciles. Por supuesto que duele mucho la pérdida de una mascota que nos acompañó, a la cual quisimos y cuidamos. Pero no es un humano. Cuando llega el cachorro a casa por primera vez, tenemos que ser conscientes que vive 7 veces menos que nosotros, por lo tanto, nos guste o no, un día lo enterraremos.

Si no somos capaces de comprender esto, si no les podemos dar una feliz vida canina, no deberíamos pensar en tener un perro.