Animales

Un lazarillo espontáneo

Un lazarillo espontáneo

Este tipo de historias de perros son las que más me gustan. Siempre hay un perro que nos sorprende con su nivel de inteligencia, lo que implica saber resolver una situación nueva de un modo creativo. Pero si esa historia de inteligencia es una historia de amistad, solidaridad y fidelidad, más me gusta. Es la historia de Milo, un mestizo (pero casi, casi terrier por lo que se puede ver en las imágenes) de seis años y su buen amigo Eddie, un labrador de más o menos la misma edad. Ambos se criaron juntos y toda su vida la han transcurrido en una zona rural de Inglaterra, junto a su dueña Angie Baker-Stedham, una señora de 45 años claramente amante de los perros.

Más que solidario

La vida de los perros fue normal hasta que Eddie, el labrador, quedó ciego. Normalmente en esos casos el perro ciego se ve  seriamente limitado en su vida, sobretodo en lo que tiene que ver con juego y ejercicio. Pues no ha sido así en este caso, ya que rápidamente Milo ha aprendido a ser un lazarillo, en forma espontánea.

Siempre alerta

Corre junto a el para que no se pierda  y permanece todo el tiempo atento a sus movimientos. Si están en el bosque y Eddie se aleja, enseguida corre a buscarlo. Un detalle muy ingenioso que se le ha ocurrido al dueño de ambos perros es colocarle a Milo cascabeles en el collar cuando salen a jugar. De esta forma, el perro ciego lo ubica todo el tiempo e incluso corre tras el.

Duermen juntos y la verdad es que enternece mucho lo que cuenta su dueña. Desde que Eddie ha quedado ciego, Milo le lame la cara como queriendo reparar algo, o mostrar afecto. En este caso lo que los ojos revelan es solo amor.